16/1/12

Fraga ha muerto, y yo con estos pelos

Dentro de unos años, de diez, o de veinte, nos preguntaremos: ¿Dónde estaba cuando murió Fraga? Así que es importante que todos memoricemos este día, no por el hecho de que haya muerto un ministro de Franco, o el presidente fundador del PP, o porque haya perdido la partida contra Carrillo. Nada de eso, si no porque nadie querrá quedar mal cuando, traspasada la treintena, nos reunamos un 15 de enero que caiga en viernes, o en sábado, y después de un par de copas alguien pregunte: ¿Dónde estabais cuando murió Franco?

Entonces alguno se levantará de la mesa y sacará de allí a ese anciano borracho al que nadie había invitado. Seguidamente, uno dirá: Ahora en serio ¿dónde estabais cuando murió Fraga?

Pues miren, señores. Yo estaba en pijama en Barcelona. Eran pasadas las once y media cuando finó don Manuel y yo aun no había empezado a estudiar para el examen del día siguiente. Aquel día me había levantado temprano, para comer, a las dos del mediodía. Después de una copiosa comida, a base de pasta (eh, de Gallina Blanca, gurmet), organizamos rápidamente un torneo de ping pong en el piso, con una red y unas palas que alguien había comprado.

Varias horas se extendió el torneo del que, si me permiten la modestia, resulté claramente vencedor.

Un buen día señores, fue un buen día.

Tras el anuncio de su paso a mejor vida, un paso breve, tambaleante, como los que solía dar de vivo, las redes sociales se inundaron de comentarios, divididos en dos bandos. Por un lado los que festejaban a viva voz la muerte de Manuel Fraga Iribarne (¿Cómo, que Ribarne también ha muerto? ¿Pero cuántos han muerto?) y, por otro, los que comedidos, se ponían serios y decían que estaba feo hacer mofa y befa de la muerte de un ser humano, por mucho que este tuviera más parentesco con el T-Rex que con nosotros.

Obviamente, hacer leña de un árbol caído ni tiene gracia ni es necesario. Pero no deja de resultar curioso que toda la gente que con una mueca de desaprobación y madurez en el rostro pedía respeto por el finado, se descojone sonoramente con los chistes de Irene Villa, Carrero Blanco, Marta del Castillo, Miguel Ángel Blanco, niños muertos, el holocausto, negros, sudamericanos y leperos.

La doble moral es un arma de dos filos. Tengamos cuidado y no nos vayamos a cortar un dedo cuando la empleemos.

“Yo ya no aguanto más… Disparen contra mí.” Manuel Fraga a los golpistas del 23-F.

No hay comentarios: