7/12/11

Típico de Ashir

Hace poco descubrimos en las inmediaciones de nuestra casa un sitio donde hacen unas hamburguesas vegetales deliciosas. Viene fenomenal para días como estos, en los que escasea la comida en la despensa, los supermercados están cerrados y la oferta gastronómica de la zona oscila entre carísimas pizzas y bocadillos sospechosos realizados por chinos sospechantes.

La primera vez que pedimos hamburguesas a ese sitio, para llevar, un ligero sentimiento entre indignación y frustración se apoderó de mí cuando, al abrir el paquete y sacar la parte de arriba de la hamburguesa, me encontré con que mi indicación de que no le pusieran pepinillo ni tomate había sido ignorada por completo.

La segunda vez, desempaqueté la hamburguesa pensando “a ver si esta vez…” Pero no, desde la parte superior de mi comida me miraba fijamente todo el pepinillo y el tomate del mundo.

La tercera vez el movimiento fue mecánico. Desembalar, sacar el pan, deshacerme del pepinillo y el tomate, cerrar hamburguesa y empezar comer. Menos de dos segundos.

A la cuarta vez no me molesté en indicarle que no me pusiera los ingredientes no deseados. “Una hamburguesa vegetal para llevar, por favor.” El camarero me mira, como haciendo un esfuerzo mental, intentando recordar algo en lo más profundo de su interior. Por fin, dudando, me dice: “Sin pepinillo ni tomate, ¿no?”

He de admitir que ahí sí que me dejó descolocado. ¿Qué debería responder yo? Si siempre que le dije que la quería sin pepinillo ni tomate me lo había puesto, quizás esto era una trampa. Pero tenía hambre y no estaba dispuesto a entrar en su juego lógico y perverso, así que le dije que sí, que sin pepinillo ni tomate, a poder ser.

Tras una breve espera apareció con mi pedido y, además, con un obsequio: un panecillo típico de su país —sea este cual sea— hecho a base de patata y mandangas.

¡Sí, señor! Así da gusto. Esto es lo más parecido a una comida casera preparada por mi madre—si mi madre fuera un señor de piel oscura de dos metros de alto y no me gritara “¡A comer!” desde la otra punta de la casa cuando la comida está lista— que he tenido en meses.

Así que entré en casa y me dispuse a devorar la hamburguesa. Quité la parte de arriba para echarle el keptchup… Y allí estaba. El pepinillo y el tomate.

Lejos de cabrearme, no sé si porque no me llegaban los nutrientes al cerebro, quité los ingredientes indeseables sonriendo y pensando: Típico de Ashir.

2 comentarios:

Junior Mortimer dijo...

" un panecillo típico de su país hecho a base de patata y mandangas"

jajajajajjajj

típico de Ashir

LoveBerber dijo...

jajaja aaayy.... es que siempre que leo este tu blog te imagino contándolo y me paaarto!