11/10/11

Para Verbo y no creerlo

El lunes por la noche asistí en el festival de Sitges a la presentación de Verbo, el debut en el largometraje de Eduardo Chapero-Jackson. La película cuenta la historia de Sara, una quinceañera con problemas existenciales. En busca de algo que le dé sentido a su vida, Sara sigue los mensajes ocultos en los graffitis de Líriko, un artista misterioso. De todos modos, Sara decide poner fin a su vida saltando por la ventana. Tal es la hostia que se da contra el suelo, que lo atraviesa y llega a una realidad paralela, poblada por una pandilla de emos con un aire a Millennium y exceso de línea de ojos, liderada por el Duque con capucha y patinete. Esta panda tiene una misión: evitar que los niños como Sara se suiciden, aunque no deja de resultar paradójico que un grupo de emos se dedique a salvar vidas.

Por si todo esto fuera poco, la película —por llamarlo de alguna manera— cuenta con la colaboración del profeta que anunció la muerte del rock y la obsolescencia de la música hecha con instrumentos. Me refiero a Nach Scratch, que se puede considerar dos veces Cervantes por tener las dos manos tullidas, motivo por el cual escribe con el culo. El rapero, además de un cameo de chiste, pone sus habilidades al servicio de la película. Diálogos rimados y canciones rap. De repente el Duque se convierte en un dibujo y él, Sara y sus secuaces maquillados, se deslizan a toda velocidad por unos raíles montados es unos patines. Una secuencia digna del Capitán Planeta con música rap.

Finalmente Sara, gracias a la ayuda de sus amigos, recapacita y no salta por la ventana (ya que realmente no se había tirado si no que todo estaba en su mente). Sin embargo, más de un espectador sí que lo hará tras comprobar que ha perdido hora y media de su vida.

Graffiti, skate, rap… Uno solo echa en falta que el Duque se ponga a bailar break dance para combatir la inapetencia y la falta de ganas de vivir.

En el programa del festival se refieren así a la película: “Eduardo Chapero-Jackson debuta por fin en el largo, y lo hace con un film destinado a ocupar un lugar privilegiado.” Un lugar privilegiado en el ranking de peor películas de la década, supongo.

En un alarde de imaginación, ingenio o sobredosis, Chapero-Jackson decidió empezar la película con un joven asiático suicidándose en el baño y apareciendo en un lugar desconocido rodeado de una gente en penumbra. Al final de la película, vuelve a ese mismo momento, y el espectador descubre que la gente en la penumbra son el Duque y Tokio Hotel, con Sara entre ellos, y van a ayudar al niño chino para que no se suicide. De este modo, la película adquiere un final circular. Circular como mis pelotas, o como las de Chapero-Jackson, que las debe tener del tamaño del peñón de Gibraltar, o del tumor cerebral del productor que aceptó darle dinero a este señor para hacer la película.

En resumen, me niego a calificar esta película de bodrio porque sería desmerecer a todas las películas que definí anteriormente con ese término.

4 comentarios:

Matilda T. Wormwood dijo...

jaaaaaaaajajajjajajaj
aisss

Junior Mortimer dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Junior Mortimer dijo...

Como amante del buen cine me estás dando ganas de ir a verla... ¿salen tetas?

berdt dijo...

Lo peor es que ni eso...