20/4/10

¿Quién coño es Alberto Pérez?

Dicen que Sabina se ha vendido a la industria, que se ha dejado seducir por los circuitos comerciales. Sin embargo, de todos los que alguna vez lo afirmaron, no vi a ninguno en el concierto de ayer por la noche de Alberto Pérez, quizás el menos conocido del famoso trío de La Mandrágora, junto al citado Sabina y Javier Krahe.

No deja de ser curioso que los que critican al señor Joaquín por haber sucumbido a las redes de la industria, estuvieran ayer ausentes en el concierto de Pérez, que ha sabido –o no lo ha quedado más remedio, no voy a entrar en esa discusión- mantenerse al margen de la pompa y los pabellones.

Afirman que les encanta La Mandrágora, que les apasiona su espíritu – ese espíritu de guitarrita, bar y buena, aunque limitada, audiencia-. Sin embargo, de todos mis conocidos, el único que, teniendo la oportunidad, ha asistido al menos a un concierto de los tres integrantes he sido yo. Será quizás que ellos viven engañados, y realmente no les gusta La Mandrágora. Les gusta Sabina o Krahe, o ambos, lo que me parece muy respetable, pero no les gusta La Mandrágora, porque La Mandrágora eran tres, no los dos más conocidos.

De todas maneras, por otro lado esto no deja de ser una suerte, porque así pudimos disfrutar de un concierto íntimo, genial, en el que al señor Alberto se le veía en su salsa interactuando con el público. Espero pues, que todos los críticos con los circuitos comerciales sigan igual de ausentes del underground, ya que lo último que deseamos es que se convierta en producto mainstream y pierda todo el encanto, ya que es en ese tipo de conciertos –incluyendo, por supuesto, los de Krahe- dónde aún se respira el ambiente de La Mandrágora (o lo que yo creo que debió ser ese espíritu, ya que por cuestiones de edad jamás he asistido y jamás asistiré a un concierto del mítico trío).

Es una lástima que aquellos que disfrutan con la música de Sabina, por una media de 40 euros el concierto, y de Krahe, por una media de entre 10 y 20 euros, no supieran aprovechar la oportunidad de deleitarse, por la irrisoria cifra de 3 euros, de unas tres horas de diversión en estado puro –incluso un tal Quico fue invitado por Alberto para subir al escenario y hacer un genial monólogo-.

En el momento en que Alberto subió al escenario, uno podría pensar que aquel era su primer concierto. Se lió con los cables, tiro el micro al suelo… Sin embargo, cuando se colgó la guitarra al cuello, dejó patente su dominio total sobre el instrumento. Por si fuera poco escucharle cantar y tocar –él solo llenaba el escenario-, entre canción y canción llenó la noche de humor. El público se debatía entre el aplauso y la carcajada.

Hubo también momentos para la nostalgia, en los que recordó al genial Chicho Sánchez Ferlosio, y nos deleitó interpretando grandes clásicos de La Mandrágora (Nos ocupamos del mar, Mi ovejita lucera, Un santo varón, La tormenta).

Y, al igual que el señor Krahe, se trata de una persona muy accesible, con la que se puede charlar tranquilamente un rato terminado el espectáculo.

Así que a la pregunta que da título a este post ¿Quién coño es Alberto Pérez? La respuesta está clara: un artista de la cabeza a los pies.

1 comentario:

JAVIER GASCON dijo...

Alberto es un fenómeno que algunos sólo descubrirán cuando nos falte (ojalá faltemos nosotros antes).