2/11/09

Sucedió ayer

Empezaré de una manera directa: Me cago en la Red Nacional de Ferrocarriles. Llego a la estación a toda prisa, como tengo por costumbre, para constatar que el tren que tenía pensado coger está completo. No hay nada otro hasta dentro de media hora. No pasa nada. Soy joven. Me sobra el tiempo. Me drogaré u organizaré un botellón como hacemos los jóvenes en nuestro tiempo libre.

Compré el billete. A continuación podía haber hecho infinidad de cosas: sentarme en un banco a leer, pasear, tirarme a las vías del tren (pero con protección, aún no estoy preparado para ser padre). Pero decidí comprarme un bocata de potato omelet (así rezaba el letrero) y un agua –chico sano-. Esta decisión cambiará el futuro de todos vosotros, jóvenes estudiantes bajo el yugo del plan Bolonia, ya que tras comprarme el bocadillo me dirigí a las mesas de la cafetería (cosa que no habría hecho de no comprar tal vianda), dónde me encontré al señor Juanillo y Lorena. ¿Cómo describir la conversación que tuvo lugar a continuación? (Que por cierto, me libró de una solitaria espera). Fructífera, sin duda, como de costumbre, aunque siempre acabemos razonando fuera del tiesto.

Al igual que yo, ellos no consiguieron adquirir billetes para la hora deseada y se enfrentaban a una hora y media de espera. Divagando, divagando, llegamos a la conclusión de que ya que el plan Bolonia ha suprimido horas de clase para cargar de trabajo las horas no lectivas, los tiempos de espera derivados de percances en los traslados de tu residencia habitual a tu lugar de estudio deberían ser puntuados. En otras palabras: que perder el tren –o no conseguir el billete- debería dar créditos de libre configuración. ¿No se valora el trabajo fuera de la facultad? Coño, pues qué mayor trabajo que esperar hora y media en la estación.

Siguiendo esa línea de raciocinio llegamos a la conclusión de que el viaje en tren también debería dar créditos, ya que es tiempo que empleas en “formarte”. A lo que Lorena añadió, “Ya bueno, pero ahí sí que puedes aprovechar el tiempo estudiando.” Error. En el tren NO se puede estudiar. Y como sea un regional ni te cuento (a no ser que sea un examen de geografía). No querrás llegar al examen y poner todos los pueblos que hay en el trayecto que una vocecita te va cantando por megafonía. Que hay muchos, por cierto. ¿Quién carajo vive en esos pueblos? Nadie. Esos pueblos se los ha inventado Renfe para hacer más paradas y que el maquinista pueda bajar a fumar.

A continuación empezamos a divagar acerca de la idea de un tren biblioteca, que sería estupendo porque iría siempre vacío, y podríamos cogerlo hasta cinco minutos después de que haya salido.

- No, no te preocupes, que da la vuelta y viene a por ti, total para de ir de aquí para allí sólo con los libros…

Fue entonces cuando me percaté de que el reloj de mi móvil retrasa. Mal momento. Sé que el hecho de perder el tren me proporcionaría un par de créditos más, pero oye, no hay que abusar. Así que me despedí a toda prisa, como tengo por costumbre, y me fui corriendo al tren.

PD: mi mano derecha va recuperando la movilidad, de todas maneras escribir prácticamente todo con la izquierda no es nada fácil.

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