27/10/09

Amal y una experiencia cercana a la muerte

Esta semana tiene lugar en Santiago el Festival de Cine Euro-Árabe. Haciendo click aquí podéis ver toda la programación.

Por otro lado hoy he tenido una experiencia cercana a la muerte. Al llegar a casa me he subido en el ascensor (es de esos que tiene una puerta exterior que se abre manualmente y otras dos interiores que se abren automáticamente) como tengo por costumbre, le he dado el botoncito con el número de mi piso y me dispuse a disfrutar de un placentero a la par que breve viaje en ascensor contemplando mi estampa en el espejo (fui criado en el narcisismo desde la más tierna infancia). Pero el viaje fue demasiado breve. El ascensor se detuvo. Tuve que dejar de admirarme en el espejo. Me giré. Las dos compuertas interiores estaban abiertas… Pero sólo podía ver la mitad de la puerta que se abre manualmente. Lo que normalmente sería la otra mitad era entonces una pared de hormigón.

Mi cerebro empezó a trabajar a toda velocidad. Por un lado salió mi vena infantil que siempre había deseado poder pulsar el botón amarillo con una campanita dibujada (de una manera justificada quiero decir). Por otro lado pensé: “Mierda, no quiero morir”. ¿Qué podía hacer? Pensé en abrir la puerta y salir como pudiera. Pero me vino a la mente la imagen de una película en la que alguien intenta hacer eso y el ascensor se desploma cortando a la mitad el cuerpo. Muy gore. Pero prefiero verlo desde fuera. Así que no se me ocurrió otra cosa que volver a darle al botón de mi piso (el más alto del edificio). Me arrepentí instantes después. Las puertas interiores se cerraron y el ascensor comenzó a subir. Hasta que empezó a temblar bruscamente. Momentos después el ascensor volvía a detenerse antes de llegar a su destino. Otra vez las puertas interiores abiertas, media puerta exterior y media pared de hormigón.

“Carajo, parece que definitivamente hoy voy a morir. Si lo sé no cargo la tarjeta del bus.” Pensé.

Sin embargo empecé a pensar en todas las cosas bellas por las que merece la pena vivir (la sonrisa de un niño, el amor de una madre, las tetas de Scarlett Johansson…) y me armé de valor. Abrí la puerta exterior del ascensor, trepé la pared de hormigón y, justo tras ayudar a salir de la cabina a una ancianita en estado de shock, a una monja que no paraba de rezar y a una madre con su retoño, el ascensor se desplomó provocando una enorme explosión. Pero gracias a dios todos estábamos a salvo. Hoy he vuelto a nacer.

Gracias Dios.


Vale, sí. Le he añadido un poco de literatura al relato para hacerlo más emocionante. Pero quitando lo de la monja, todo lo demás es cierto.

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