8/7/09

Eres lo que lees

Hoy tuve una conversación que me hizo reflexionar acerca de la obra de Guillermo Habacuc Vargas titulada “Eres lo que lees”. Me he informado en diversas páginas de Internet y, a pesar de que los datos varían según las fuentes, los hechos parecen ser los siguientes: Guillermo Habacuc Vargas cogió en la calle un perro abandonado (por lo que yo entendí ya enfermo) y, bautizándolo Natividad en homenaje a Natividad Canda, un joven muerto por el ataque de dos rottweiler cuando entró a robar a una casa, lo ató con una cuerda en una esquina de un museo, sin agua y sin comida. En la pared, escrito con comida de perro, estaba escrita la frase “Eres lo que lees.”

Ahora entramos en el terreno de las conjeturas. No queda muy claro si el perro pasó un día en el museo o tres, si lo alimentaban por las noches cuando el museo cerraba o no y si el perro murió allí o se escapó por un descuido del vigilante. De todos modos estos datos poco importan, así como si el autor tenía realmente la intención de que el perro muriera.

Habacuc dijo que en San José, Costa Rica, de dónde él procede, cientos de perros mueren de hambre en las calles y nadie les presta atención. Sin embargo, el hecho de mostrar uno de esos casos concretos de manera individual y tan directamente hace que todo el mundo se escandalice. Así pues, supuestamente su intención era mostrar la hipocresía de la sociedad humana. Agregó también que ese perro iba a morir de todos modos. Así justificó su obra.

Ahora bien, lo que yo me cuestiono es: ¿Es esto arte? Realmente yo no conozco la intención del autor pero, a mi lo que me transmite es la impasibilidad y la crueldad del ser humano ante el sufrimiento de otro ser vivo, ya sea la del autor al atar al animal sin comida, o la de todos los asistentes al museo que no se dignaron a darle de comer al perro.

Así que sí que creo que es arte. Un arte muy cruel e incluso deleznable, lo admito, pero arte, porque me transmite un mensaje aterrador. No sé cuantas personas acudirían al museo, ni sé si el perro murió o no, pero lo que sé (o más bien supongo, en caso de que haya muerto) es que ninguno de los asistentes le proporcionó comida (algo que no era nada difícil, ya que el perro se encontraba al alcance de la mano), ni cortó la cuerda permitiéndole escapar. Así que esta obra me transmite mucho, pero más allá de la crueldad de Habacuc como individuo o del sufrimiento de un ser vivo, la impasibilidad del ser humano como conjunto (o del grupo de asistentes, ya que no todo el mundo tuvo la oportunidad de ir) ante el dolor ajeno.

Así que toda esa gente que cuando se enteró de la noticia reaccionó de la manera más fácil, que era criticar al autor, insultarle e incluso decir que merecía estar en el lugar del perro, debería plantearse qué es lo que se merecen todos los que asistieron allí y no cortaron la cuerda. Y debería plantearse qué tipo de sociedad es la que permite que estas cosas sucedan impunemente.

Como dije antes, desconozco la intención del autor pero, si lo que pretendía es que alguno de los asistentes se solidarizara con el animal, para mostrar que aún queda algo de humanidad entre las personas o que la gente actuara con indeferencia ante el dolor, para mostrar la crueldad del hombre, lo ha logrado perfectamente.

PD: quiero aclarar que estoy completamente en contra del maltrato a los animales y que yo no habría sido capaz de llevar a cabo semejante acto. Sin embargo, sí que encuentro interesante el experimento de ver cómo reaccionan las personas ante un animal indefenso y hambriento (obviamente velando en todo momento por la integridad del animal).

PD2: en ningún momento mi intención es defender a Guillermo Habacuc Vargas, pero considero necesario que los hechos se esclarezcan debidamente antes de juzgar a nadie.

4 comentarios:

A. Santos dijo...

Lo que hizo el bueno de Guillermo fué poner en relieve ante los ojos del publico una realidad que en la calle pasa totalmente desapercibida. El perro había sido abandonado y nadie se preocupó por el hasta que lo vieron atado en la Bienal. Somos lo que leemos, está claro.

Anónimo dijo...

Yo también hice lo mismo que tú, cuando me llegó el correo sobre eso tiempo atrás. En un foro encontré una entrevista que le hicieron al artista, donde comentaba, que si acaso un perro callejero tenía que estar en exhibición para que la gente se compadeciera de el, siendo que en las calles, a nadie le causa ese impacto estético, y casi a nadie le importaba que muriera de hambre, menos hacian algo por un perro de la calle. Además de durante la exposición, nadie hizo nada por soltar al perro o llamar a la autoridad correspondiente
Yo le doy la razón al artista al menos en esos puntos. Ya ves que el correo que andana circulando era muy sensionalista. Saludos.

Soñadora dijo...

Pues yo estoy totalmente de acuerdo con tu reflexión, y también pienso que el límite entre el arte y el no arte es, por un lado, transmitir una idea (como dices), o sencillamente un sentimiento aunque sea simple. Obviamente este límite es tan subjetivo como irreal. Sin embargo, el ejemplo del perro no me parece el mejor, ya que es cierto que todos vemos a perros callejeros por ahí pero, en primer lugar, sí hay gente que los alimenta, y en segundo lugar, se da por sentado que ese perro se las va a apañar para comer y vivir o malvivir, sea dando pena, cazando o revolviendo en las basuras. De este modo, que no les alimenten no significa que les estén condenando, no así con el perro del museo, que estaba atado y por tanto condenado. En cualquier caso está claro que la mayoría de los seres humanos no reaccionan demasiado de forma individual ante el dolor en otro ser, pero no creo que sea necesario llevar a cabo tal proyecto para demostrarlo. Desde luego, rompedor.

Carmen Momo dijo...

Voy a atar a la gata futuramente eutanasiada en algún museo, a ver si me ponen a parir y ahí ya les doy la opción de adoptarla...
O grabo la conversación con la veterinaria Mengele y hago una performance, a ver cómo reacciona la gente con los supuestos "refugios" de animales, otrora llamados perreras municipales con lo que eso conlleva.
En las residencias de ancianos también se eutanasia a los viejos que sean viejos y estén enfermos, ¿no?

Creo que las noticias ya ponen todo eso de manifiesto, aunque desde luego las personas no tenemos pelo y por lo tanto somos menos adorables.