21/4/09

Odio el teléfono

Odio cuando suena el teléfono, sobre todo si estoy leyendo. Si es el móvil, lo odio menos porque, si se da la casualidad de que lo tengo a mano, no tengo que levantarme para contestar y porque el destinatario de la llamada siempre soy yo. Pero con el fijo hay un alto porcentaje de posibilidades de que no sea así, ya que vivimos cuatro personas en la casa.

Así que cuando llaman lo dejo sonar dos veces, tres… Hasta que veo que nadie va a contestar y no me queda más remedio que ir yo. Pero si hay algo que odio más que suene el teléfono, es que cuando por fin me he decidido a contestar y descuelgo el auricular, a veces escucho la voz de alguien de mi familia contestando desde el inalámbrico.

Lo odio tanto como cuando le doy al interruptor de la cocina y entro a oscuras sin esperar a que se encienda la luz y, cuando he llegado al fondo de la cocina la luz aún no se ha encendido, así que vuelvo atrás para darle de nuevo al interruptor y cuando estoy a punto de hacerlo, se enciende sola. Nunca entenderé la luz de la cocina.

Tras escuchar a mi padre contestando, escuché un señor desconcertado al otro lado de la línea.

- Eh... creo que me he equivocado… ¿Este es el número 986… (seguido de un número que no recuerdo, muy parecido al mío, pero que no era el mío)?
- Sí – contestó mi padre, que no había escuchado bien el número.

El señor se mostró aún más desconcertado. Es extraño. Lo normal es que te sientas desconcertado cuando te equivocas de número, no cuando, en teoría, has acertado.

- Entonces ¿Quién eres? – preguntó el señor.
- ¿Cómo qué quien soy? ¿Quién llama? – contestó mi padre.
- Antonio.
- Ah, pues igual sí que se ha confundido.

Si alguien encuentra algún tipo de lógica en esta conversación, que me lo explique.

- Creo que me he equivocado, ¿es el número tal?
- Sí.
- Ah, ¿pues quien eres?
- No, ¿quien eres tú?
- Antonio.
- Pues sí, te has equivocado.

¿Conocéis el chiste en que un señor le dice a otro “Oiga, tiene un plátano en la oreja” y el otro señor le dice “¿Qué?”, “Qué tiene un plátano en la oreja” insiste el primero, “¿Cómo dice?” , “¡Que tiene usted un plátano en la oreja!” , hasta que, finalmente, el segundo contesta “Disculpe, no le oigo, es que tengo un plátano en la oreja”?

Pues lo mismo.

Odio cuando suena el teléfono de casa y la luz de la cocina.

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