24/2/09

¡Vivan las fuerzas de seguridad fascistas del Alcampo!

El otro día me sucedió algo que creo que sólo se puede clasificar de quijotesco y esperpéntico. Encontrábame yo con mi señor primo en el Alcampo en busca de golosinas. Después de dar una vuelta y no encontrar la sección de gominolas (si es que existe), nos percatamos de que en el exterior había un puesto en el que vendían las citadas viandas. Pero para nuestra desgracia, la zona habilitada para la salida sin compra, se encontraba en el otro extremo del recinto. Así que decidimos salir a través de una de las cajas, en la que había gente guardando cola para pagar. Nosotros, como no queríamos comprar nada, les adelantamos y salimos. Al llegar junto a la cajera, esta, con la amabilidad y el encanto de la Chironex Fleckeri, nos indicó que la salida por ahí estaba vetada para los no compradores, que volviéramos y diéramos la vuelta. Nosotros le hicimos ver que ya estábamos fuera, y que si tal avisara a su puta madre para que fuera a dar toda la vuelta.

Así pues, nos encaminamos hacia las golosinas. Estábamos recolectando el producto deseado cuando, de golpe y porrazo, un miembro de las fuerzas y seguridades del Alcampo, vino a poner orden en ese caos anárquico que nosotros con nuestro acto digno del mismísimo V (sí, de Vendetta) habíamos instaurado en la zona.

Nos hizo ver, con los modales de un simio en celo, que lo que habíamos hecho estaba mal. No se lo discutimos, simplemente le dijimos que, una vez que el daño estaba hecho, nos dejara en paz.

Pero él no descansaría tranquilo hasta que remendara tamañaza afrenta. (Mi opinión es que se quiere tirar a la cajera y quería quedar de duro ante ella.) Así pues, nos instó a volver a entrar por dónde habíamos salido y a dar toda la vuelta para salir.

Pero hombre por dios, no habrá cosas más importantes de las que preocuparse en el mundo. ¡Que hay asesinatos todos los días, hombre de Dios!

Ah, calla, que tú no eres policía. Que para ti esto es lo más interesante que ha pasado desde el misterioso a la par que peligroso caso de las viejas hurtadoras de pilas.

“A ver, que no se puede salir por ahí. Que no hay arcos ni nah.”

“Disculpe usted, pero sí que hay.”

“Ya bueno, pero están separados.”

¡Madrepordiós¡ No sabía yo que los arcos, cuando se separan lo suficiente para que quepa un hombre adulto, dejan de tener efecto. A partir de ahora voy a comprar pipas y pasaré por la caja con Play Station´s bajo el brazo, total, como los arcos están separados, no van a pitar.

“A ver, que por la salida de emergencia no se puede entrar ni salir.”

“Muy bien, pero nosotros no salimos por la salida de emergencia.”

“La cajera dice que sí.”

“La cajera puede decir misa.”

“Bueno da igual, aunque salierais por la caja. Por ahí no se puede entrar ni salir sin comprar, así que entrad por ahí y dar la vuelta.”

“Pero oiga… no se puede entrar ni salir, así que, si entramos por ahí, no sólo habremos hecho una cosa prohibida, sino que ahora nos pide que hagamos dos.”

“Pero si estoy yo, lo puedo permitir.”

“Entonces permítame que le diga que no me toque más los huevos y que nos deje en paz.”

“O hacéis eso o llamo a la policía.”

O no, por Dios. Eso no. No quiero ir a la cárcel por salir por una caja sin comprar producto. Todo menos eso. Por favor.

“Y mientras llega, nos vas a retener aquí o qué. ¿Puedes hacer eso?”

“¿No puedo?”

“No sé, te lo estoy preguntando.”

“¿No puedo?”

“A ver, ¿eres idiota? Que no lo se, te lo estoy preguntando.” “De todos modos qué vas a hacer ¿golpearnos con la porra? Ah, no, que no tienes.”

Pero no, no podía. Y si viene la policía… ¿Qué se supone que iba a hacernos? ¿Dejar caer la dura mano de la ley sobre dos delincuentes como nosotros?

Me imagino a este tipo al día siguiente en el cuarto dónde se reúnen todos los seguratas para tomar el café, o para meterse la porra por el culo para adoptar esa pose de chulo-mamón, hablando con sus compañeros.

- ¿Y vino la policía?- le preguntaría entusiasmado uno de sus compañeros.

Nuestro amigo asentiría encantado.

- ¿Y te dejaron jugar con las esposas?

- Pues no. Pero la porra… la porra casi me dejan tocarla.

En ese momento fue cuando recibí una llamada. Y lejos de rechazarla, para seguir con el asunto, contesté y me puse a conversar tranquilamente, bajo la impaciente mirada del miembro de las fuerzas y seguridad del Alcampo.

Tras finalizar la conversación, decidimos mandar a la mierda al segurata e irnos por dónde habíamos venido, ya que mi señor primo carecía del documento nacional de identidad y podía ser un engorro si venía la policía, los geos, o la CIA.

Y estábamos a puntito de irnos, bajo la satisfecha mirada de quien ha cumplido con su tararea, - o la del gorila tras haberse tirado a la mona del zoo -, del segurata, cuando una luz se iluminó en mi cabeza.

“Vayamos a poner una reclamación.”

Y dimos media vuelta. Y el segurata se hizo caca.

En su voz resonaban estas palabras.

“Justo cuando pensaba que tenía resuelto el terrible caso de los jovenzuelos rebeldes, el más peligroso después del caso de aquel anciano que se meaba en los probadores, parece que el asunto toma un nuevo giro. Ya me decía algo me olfato de detective, digo de policía… bueno, de señor con gorra que patrulla el Alcampo. ¿Qué nuevas fechorías planearán ahora? ¿Jugar demasiado tiempo a las consolas de prueba? ¿Abrir un bollo, comérselo y dejar allí el papel? Que Dios nos pille confesados.”

Finalmente hicimos nuestra reclamación y nos fuimos, bajo las hostiles miradas del simiesco empleado de seguridad y su compañero, igual de simiesco, solidarizado con el terrible caso de su amigo.

He aquí la la reclamación, obra y gracia de mi primo. No tiene desperdicio. Haced click en la imagen para leerla en grande.


Un beso para el segurata (y para su puta madre) que se que le gusta este blog.

2 comentarios:

kp dijo...

xDDDD
Tu primo esta mal xDDDD


(K)

Lara dijo...

primo, qué fuerte xDDD

dios, cómo me hubiera gustado estar allí para echarme las risas locas con ustedes xDDD

vivan las reclamaciones.