28/1/09

Bestias Asesinas

En la ciudad dónde vivo, hay una calle en la que hay una casa antigua, abandonada, diría uno al verla desde fuera, dotada de cierto aspecto fantasmal, con unos grandes jardines. En esos jardines habitan unos perros, por llamar de alguna manera a esas descomunales bestias feroces sedientas de sangre y vísceras, con fauces tan grandes capaces de arrancar de un solo mordisco la cabeza de un hombre adulto bien alimentado, con unos ojos inyectados en sangre y unas zarpas como cuchillos jamoneros. Una auténtica máquina de matar dispuesta a exterminar a todo ser viviente que tenga la osadía de ponerse a su alcance.

Algo así:


El caso es que el jardín dónde residen estas bestias horribles creadas por la naturaleza para desgarrar entrañas, está cercado por un muro. Pero ese muro tiene una verja. Por necesidades de la fisionomía de la calzada, esa verja siempre te va a quedar a un lado, nunca de frente. Así pues, tu vas caminando tranquilamente por la acera, pensando, quizás, hay que ver que muro más bonito, o sabes Dios qué, cada uno es muy libre de pensar en lo que quiera, cuando alcanzas la verja. Normalmente, uno no va mirando hacia la pared, en este caso muro, que tiene al lado, sino que procura ir viendo de frente para no tropezarse con nadie. Pues justo al pasar por la verja, ni un segundo antes, ni un segundo después, esas bestias pardas que antes os describí, empiezan a ladrar como auténticos cosacos (sí, los cosacos ladran) y se intentan abalanzar hacia ti.

En ese momento, podrías ganar la medalla olímpica de salto de altura del susto que te dan las condenadas fieras. Entonces, se te pasa la vida por delante, piensas en todo lo que te queda por hacer y te lamentas por la muerte tan terrorífica que estás apunto de sufrir. Cierras los ojos y rezas para que sea lo más rápido posible.

Pero no sucede nada. Lentamente abres un ojo, y los jodidos leones que por perros tienen los dueños de esa casa, siguen ladrándote, detrás de la verja salvadora. En ese momento te arrodillas y das gracias al inventor de ese sistema de protección anti perros, que debe ser una combinación de hierro forjado en las minas de Mordor y de la tela de Spiderman, para resistir tal ataque inhumano.

Este proceso, claro está, normalmente sólo lo atraviesas la primera vez que pasas por ahí. La gente normal, que pasa habitualmente por ahí, ya sabe lo que se va a encontrar y no se asusta.

Menos yo. Todas las jodidas veces que paso por ahí, los malditos perros me ladran y mi corazón sufre tal impresión que envejezco un par de años o tres. Y eso que ya me mentalizo cuando me aproximo: te van a ladrar, te van a ladrar. Incluso entrecierro los ojos, encojo los hombros y apresuro el paso. Pero nada, llego a la altura de la verja, me ladran y me meo. Es sistemático.

Un fiel amigo y escudero, hizo una graciosa comparación entre lo que me sucede a mí con el jodido chucho infernal, y lo que le pasa a Krist, personaje de padre de familia, con el mono que vive en su armario.

Tras reírnos un rato con la imagen mental del perro en la pose del mono de padre de familia pensé que sería una gran idea poder plasmarlo para que todos los vieran tal como nosotros.

Así que aquí tenéis el resultado del mono de Krist y mi perro infernal.





Sí señores, todo este texto sin sentido ni interés alguno, era para mostrar este “divertido” montaje. El tiempo que os he robado, sintiéndolo mucho, nadie os lo devolverá.

2 comentarios:

Yany dijo...

Me gusta xDD

Marta dijo...

jajajaj

En directo, como todo, mucho mejor.

Un beso!

P.D: Mi madre me despertó a las 10, xD