2/12/08

Conversación de besugos

Encontrábame yo caminando por la calle hace unos días, cuando no pude evitar escuchar el fragmento de una conversación entre un grupo de chavales que pasaron a mi lado.

Uno de ellos decía:

- Buah, qué pavo, chaval.

Y otro, exaltado, se giró y le contestó muy indignado, señalándole con el dedo:

- ¡Eso es mentira!


Ante el nivel de está conversación, no pude hacer otra cosa que quedarme embelesado. ¡Qué maravilla! ¡Qué empleo de la oratoria! Si los antiguos filósofos griegos vieran el modo en que estos jóvenes empleaban la retórica, más de uno se quedaría sin réplica y se quitaría el sombrero ante ellos (o, en caso de no tenerlo, la túnica, a riesgo de ser detenidos por exhibicionistas y corruptores de menores).

Ahora es cundo el lector espera que me meta con los autores de ese diálogo, pues más de una vez me han acusado de crear este blog para meterme con todo ser viviente o inviente.

Pero esta vez no, voy a darles un voto de confianza a los chavales.

Porque si analizamos fríamente el diálogo, podríamos entender que el primero le estuviera llamando pavo al segundo, de ahí la reacción exacerbada de éste ya que, no tratándose él de un ave del orden de las Galliformes, oriunda de América, donde en estado salvaje llega a tener un metro de alto, trece decímetros desde la punta del pico hasta el extremo de la cola, dos metros de envergadura y 20 kilos de peso, con un plumaje de color pardo verdoso con reflejos cobrizos y manchas blanquecinas en los extremos de las alas y de la cola, cuya cabeza y cuello están cubiertos de carúnculas rojas, con una membrana eréctil que lleva encima del pico y tarsos negruzcos muy fuertes, dedos largos, y en el pecho un mechón de cerdas de tres a cuatro centímetros de longitud, siendo la hembra algo menor, pero semejante al macho en todo lo demás , es natural su indignación.

Pero quizás hay que ir más lejos que esto. Quizás estos dos jóvenes son unos grandes amantes de las aves y, paseando por la calle, el primero creyó ver un gran y excepcional ejemplar de pavo, queriendo hacérselo notar al segundo con la frase “Buah, qué pavo, chaval.”

Pero quizás en ese éxtasis pavícola creyó ver un pavo cuando, en realidad, estaba viendo otra ave del orden de las Galliformes, ésta de aspecto arrogante, cabeza adornada de una cresta roja, carnosa y ordinariamente erguida, pico corto, grueso y arqueado, carúnculas rojas y pendientes a uno y otro lado de la cara. Quizás tenía un plumaje abundante, lustroso y seguramente con visos irisados, cola de catorce penas cortas y levantadas, sobre las que se alzan y prolongan en arco las cobijas, y tarsos fuertes, escamosos, armados de espolones largos y agudos. Oseáse, un gallo (no un malote, como seguro que muchos de vosotros habéis pensado).

De ahí la indignación de su contertulio ante tal metedura de pata.

O quizás no haya más explicación que estos dos chavales tienen el cerebro más vacío que la biblioteca de Belén Esteban y sus capacidades sicomotrices no les permieten expresarse con mayor habilidad lingüística y caminar al mismo tiempo. Quién sabe.

En fin, me despido dejándoos otra vez el video de la escena eliminada del Sexto Sentido, esta vez con un audio por encima del infrasonido.




3 comentarios:

Karla Poe dijo...

Buah pavo, que risas de video, nunca me tronche tanto en mi vida!




xDDDDD


:*

jorge dijo...

Puse el video, pero como suena tan bajo ni me digne a subir el volumen. Nada que requiera mas de 2segundos merece la pena.

jorge dijo...

Por cierto, eneoc es paralitico. Pobriño.